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Popy Blasco

“El elitismo cultural no es más que ignorancia disfrazada de esnobismo”

Popy Blasco David Díez

Foto: David Díez

Popy Blasco ha conseguido hacer de Madrid lo que pocos cronistas han podido llegar a hacer: convertir la ciudad en La Capital, en una maravilla Pop, en un parque de atracciones sin salidas de emergencia. Su blog es una radiografía de la ciudad, una guía cultural con un fondo de oro, y es que, si algo demuestra cada una de sus entradas es que la vida es única y hay que vivirla y exprimirla día a día, sin prejuicios ni nostalgia, y sabiendo que esta fiesta, en cualquier momento, se acabará. No te rindas, dice Popy, no seas un turista de la vida y pases de puntillas por ahí. Sé lo que tengas que ser por dentro y evita las apariencias. Y si te lanzas a hacer cosas, fíjate en lo que haces y hazlo con amor, porque el amor lo aúna todo; es presente y pasado, es la muerte y es la vida. No te detengas, no esperes a lo que te digan los demás, no te des una importancia que los demás no te atribuyen. Camina y déjate llevar.

¿Quién es Popy Blasco y cómo toca las cosas?

Llegar a saber quién eres realmente es uno de los grandes hitos en la vida de una persona. Muy pocas personas conozco que estén capacitadas para decir quienes son y, además, acertar. Y desde luego yo no soy una de ellas. Tengo ciertas ideas, sospechas más bien, acerca de quién soy, pero estas pueden no coincidir con lo que los demás piensan sobre mi y ni siquiera con lo que pienso yo… ¿Cómo toco las cosas? Trato de tocarlas con cariño, eso sí.

¿Cómo encaras tu escritura, qué estás transmitiendo, cuál es la ocupación primera de Popy?

Siempre escribo sin pensar en lo que escribo. Simplemente escribo, pero viéndolo con distancia pienso que es posible que mi principal preocupación a la hora de escribir, inconscientemente, tal vez sea la de tratar de luchar contra el tiempo, contra la idea de la muerte (que siempre he tenido muy presente desde que murieron mis padres), transmitir en cierta forma la fugacidad del tiempo. Cómo debemos exprimir el momento presente para no pasar por la vida de puntillas. Creo que uno solo puede ser feliz cuando es consciente de la idea de la muerte.

Tu blog cumple diez años. ¿Cómo te sientes?

Diez años ya… del Electroclash al Neo-Rave, la moda trans, el hipsterismo, de la ostentación a la crisis total y de esta al nuevo renacer de valores… Me siento 10 años mayor. Más maduro, más grande, y a la vez, más niño. En 10 años mi vida ha cambiado y el blog también ha evolucionado y crecido conmigo. Cuando lo abrí lo hice solo para que lo leyese mi gente más cercana, y cada vez que descubría que alguien nuevo que no conocía me leía, me empujaba a escribir otro post y a tratar de hacerlo mejor. En un principio creí que como mucho iba a durar un año, pero el feedback con los lectores ha hecho que sea incapaz de dejarles solos. Como dicen las folclóricas; el aplauso es una droga.

¿Qué te llevó a abrir el blog?

Supongo que en cierto modo fue mi ego lo que me llevó a escribir el blog. El creer que la gente debía escuchar mi voz. Supongo que cada cual piensa que su propia opinión es la más importante del mundo, pero en mi caso no se trataba tanto de mostrar mi opinión como en tratar de transmitir una manera de ver las cosas.

¿Tienes una relación de amor/odio con todo lo que sea alternativo o moderno?

No, en absoluto. Solo me pongo alerta ante la farsa y ante la cultura y los individuos que miran por encima del hombro a los demás. Para mí todo es susceptible de ser analizado culturalmente, desde Coetzee hasta Camela. Creo que el elitismo cultural no es más que ignorancia disfrazada de esnobismo, una paletada. Hay que entender los fenómenos de masas y una vez los has comprendido, del entendimiento a la empatía tan solo hay un paso.

¿Cómo cocinas tu blog? ¿Anotas todo lo que pasa o prefieres dejarte llevar? ¿Te influyen los comentarios de los lectores?

No, nunca tomo notas, cuando me pongo delante del teclado escribo de aquello que recuerdo haber visto. Lo que queda fuera del recuerdo no merece la pena ser contado.

Ahora vemos en la tele a muchos cocineros contando cómo cocinan sus platos, pero yo creo que al final, lo único que importa es que la sopa esté rica. No me sirve de nada saber que el cocinero ha estado muchas horas preparándola si al final está sosa.

En cuanto a mis lectores, agradezco las muestras de cariño y también me congratula cuando surgen haters (pues un hater siempre es un fan), pero lo cierto es que rara vez me dejo llevar por sus sugerencias, pues un blog no es una revista online, se trata de una crónica muy personal; la mía.

¿Por qué periodismo? ¿Siempre te interesó? ¿No hay otras cosas que te hubiera gustado ser, hacer o saber hacer?

Yo de pequeño quise ser astronauta, luego psicólogo, director de cine y después periodista. En mi adolescencia me planteé si estudiar cine pero el panorama de la industria española me desanimó bastante. No quería ni quiero pertenecer a ella. Esa cinefilia que me inculcó mi madre me llevó a la crítica cinematográfica. Y la crítica cinematográfica me condujo al análisis social, y al final todo es un magma que habla de nosotros.

¿Qué piensas de la prensa actual? ¿qué te inspira?

El periodismo ha evolucionado mucho en muy poco tiempo. Ya nadie lee prensa escrita. Las revistas han pasado a convertirse en objetos, casi en catálogos de arte, ahora toda la información se busca y se encuentra online. Eso ha hecho que todos los contenidos deban ser más directos, quizá perdiendo profundidad en pos del impacto. La cultura del tweet hace que ya apenas leamos reportajes; solo titulares. Me parece un momento apasionante.

¿Qué consejo darías a un joven que, en medio de la crisis del modelo de negocio del periodismo y de la crisis económica más grave desde el 29, dice: “Quiero ser periodista”?

Le diría que puede serlo, pero no del modo clásico que vimos de pequeños en el Daily Planet de Superman. Le pediría que reinventase el periodismo, que informase de otro modo, a través de otras plataformas, usando otras vías. Y le diría que puede hacer historia, desde luego. Hay mucho por mostrar y por destapar.

¿Tiene sentido seguir hablando hoy de objetividad en periodismo?

Por supuesto que tiene sentido seguir hablando de objetividad en periodismo y ahora más que nunca ya que el periodismo cada día que pasa es más independiente, menos sujeto a los dictados de los intereses del director del periódico de turno. Cada blog, cada Twitter y cada Facebook es un periódico en sí, somos generadores de contenido independientes. Solo falta que nosotros mismos nos libremos de nuestros prejuicios y lacras culturales, pero justamente ahora, hay más objetividad que nunca.

¿Aprovechan realmente los periodistas toda la potencialidad de la red, o son más conservadores de lo que aparentan?

Somos más conservadores de lo que querríamos. En el fondo queremos ser lo más “visuales” posible, pero el romanticismo tira mucho y uno al final tiende, de manera natural, a tratar de hacer crónicas, reportajes y entrevistas a la vieja usanza, pero lo cierto es que cada vez tienen menos cabida en el smartphone y el lector/internauta menos paciencia, con tantas ventanas abiertas a la vez y el whatsapp sonando…

¿Crees que somos una generación que está más pendiente de ser escritor que de escribir? ¿No crees que se ha generalizado mucho el “querer ser artista”? ¿No hay demasiada sobrexposición? ¿Etiquetarse así no es como empezar la casa por el tejado?

Cuando uno dice mucho “yo soy” es porque no tiene a nadie que le diga “tú eres”. Lo cierto es que me produce mucha vergüenza ajena cada vez que veo que alguien se autodenomina “artista”, “artista multidisciplinar” o “escritor”. Uno debería dejar que eso se lo dijesen los demás. De todos modos, no creo que aquello que se suele decir de que para autodenominarse a través de una profesión hay que recibir dinero de él y vivir de dicho oficio. Conozco muchos artistas que lo son realmente, que incluso ellos son arte en sí mismo, sin necesidad de exponer ni vender obra, así como conozco a gente que escribe muy bien y a los cuales considero grandes escritores sin que nunca hayan publicado. Es una cuestión más de pudor personal. Etiquetarse como artista, curator, o influencer no es empezar la casa por el tejado; simplemente es una enternecedora desfachatez. Tratar de venderle la moto a quién la compre.

¿Escribes para que te adoren? ¿Por qué la ambición está tan mal considerada en este país?

Por supuesto que escribo para que me adoren, del mismo modo que los disc-jockeys pinchan discos solo para ligar, pero en mi caso no es el único motivo. Uno cuando escribe también pretende hacer que los demás no se sientan solos. A mi muchos escritores me han hecho sentir que no estaba solo en el mundo cuando he visto que tenían la misma forma de ver la vida que yo.

Yo, personalmente también escribo con la intención de trascender, no de hacer historia, pero sí de trascender en la vida de mis lectores, al menos de uno. Eso es algo que no tiene nada que ver con la ambición entendida como éxito masivo o fama.

Es cierto que la ambición está muy mal vista en este país, se considera propia de trepas, pero en general creo que se debe a que formamos parte de una cultura en la que también surge la figura del perdedor. Si eres ambicioso es posible que ganes o que pierdas y si vas a perder siempre es mucho menos vergonzoso mostrar que no tenías ambiciones, aunque sí las tuvieses. Pero yo no creo que existan ni ganadores ni perdedores. Todos los ganadores han perdido por el camino y todos los perdedores han podido perderlo todo menos lo esencial… Son la cara y la cruz de la misma moneda.

Leyéndote se nota que hay una exaltación de tu yo: el blog, redes sociales, etc, ¿qué espacio queda para la privacidad en tu vida?

Yo no expongo mi privacidad en redes, muestro solo aquello que considero que es interesante de mostrar al público. Tampoco cuento los secretos que me cuentan. Las redes sociales nos convierten en museos de nosotros mismos, en marcas, entertainers, son una idealización de nosotros mismos. Por otro lado, pienso que la privacidad está sobrevalorada. Mucha gente tiende a pensar que su vida privada es más valiosa de lo que realmente es, cuando en realidad al grueso de la gente no le importa si subes una foto de tus bragas o del cumpleaños de tu hermana. Todo da igual. Por mucha intimidad que muestres en redes siempre seguirá siendo privada porque a ese chico japonés que vive en Tokyo y a Patti Smith les da igual las fotos que subas. Si los demás no te dan importancia, no te la des tú mismo.

¿Qué aspectos de tu trabajo son los que más te apasionan?

Sobre todo comunicar. Que lo que escribes le llegue al lector. También trabajo como analista de tendencias sociales, que es otro trabajo que me fascina; saber qué hace la gente, por qué lo hace y descubrir qué hay detrás.

¿Cuál es el proyecto más complejo/controvertido al que te has enfrentado?

El proyecto más controvertido en el que haya estado inmerso posiblemente fuese Cineshock, hace un par de años. Junto a unos amigos reabrí los Cines Luna, hasta ese momento abandonados, y su pantalla volvió a iluminarse esta vez con películas de terror y de serie B, la mayor parte de ellas inéditas en nuestro país: dobles sesiones con Emmanuelle en América, Mil gritos tiene la noche, Mystics in Bali, The Burning, Brain Damage… Luego nos copiaron en Barcelona haciendo el Phenomena, pero nada que ver. La policía nos denunció, los frikis de los cómics, envidiosos de no haber hecho ellos el evento, trataron de boicotearnos, vinieron todas las televisiones quedándose una multitud de gente fuera, gente que daba patadas a la puerta para entrar, como si fuesen los zombies que mientras veíamos en la pantalla… La gente follaba en el cine, todo el mundo fumaba… Fue increíble, pero muy polémico. No cobrábamos entrada, ni pagábamos a la SGAE ni nada.

¿Cómo es tu día a día?

Intenso. Yo lo vivo todo con mucha intensidad.

¿Qué te han dado Internet en lo que a trayectoria y aprendizaje se refiere?

Todo lo que he conseguido a nivel profesional durante estos últimos 10 años se lo debo al blog (y el blog me lo debe a mí, por supuesto, así que no nos debemos nada mutuamente). Antes de comenzar el blog ya escribía en Vanidad y Neo2, pero gracias al blog terminé publicando en El País, me publicaron un ensayo acerca de la cultura de los 90, me han producido un cortometraje, me han propuesto dar clases y ponencias y trabajo de analista de tendencias sociales para marcas.

Gracias al blog nunca he enviado un currículum en mi vida.

El blog también me ha dado cayo y soltura a la hora de escribir. El bloqueo ante la hoja en blanco ya no existe para mi. Personalmente también me ha dado la satisfacción de conocer mucha gente, aunque por su culpa también he conocido a gente muy loca y peligrosa… Nada es gratis.

¿Qué webs o blogs sueles visitar?

Suelo entrar en Rookie Mag (la revista online de Tavi Gevinson, que es como estar en una constante fiesta pijama), en Dis Magazine (contenedor de la ironía de la cultura de consumo y del net-art), veo las chorradas del Buzzfeed y luego mi muro de inicio de Facebook, ese crisol de links que vuelca la gente que tengo agregada, ese tótem diario de noticias, videoclips, imágenes y trailers.

Cuando no había Internet parecía que las críticas que habían eran más mordaces y duras, ahora, en cambio, en esta cultura de tenerlo todo, ¿no nos hemos vuelto un poco blandengues y pusilánimes? Por ejemplo, encontramos pocas críticas musicales y cinematográficas negativas.

Con mi blog, al principio, me salieron muchos enemigos, pues siempre he dicho lo que pienso de aquello con lo que me encuentro y no todo el mundo se lo toma con la misma deportividad. Yo creo que si haces un trabajo público, debes saber exponerte a la críticas, pero el “buenrollisto” ha hecho que cualquier crítica se considere un ataque. Yo soy muy fan de Boyero, me divierte mucho cuando arremete contra Almodóvar o contra Isabel Coixet, pero de un tiempo a esta parte cada vez me interesa menos despellejar a los demás. Cuando algo no me gusta simplemente no me interesa. Prefiero recomendar y aportar datos positivos. Creo que es más valioso que alguien te descubra a Giorgos Lanthimos a través de una buena crítica a que simplemente te digan que Ocho Apellidos Vascos es una mierda.

La crítica está mal vista, pero todo el mundo quiere ser líder de opinión.

Yo creo que la crítica solo está mal vista por aquellos que son criticados y que se toman dicha crítica como una ofensa. El resto de la gente valora positivamente la figura del crítico, a no ser que ellos crean que pueden hacerlo mejor, que también ocurre. Todo el mundo quiere ser líder de opinión, pero hay criterios mejor formados que otros, y luego hay criterios menos formados, pero más lúcidos. Cuando encuentras a tu líder de opinión es como si encontrases un oráculo.

En mi caso lo fue el crítico Ángel Fernández-Santos.

Hoy día con los blogs y las redes sociales los periodistas parece que han perdido el monopolio como intermediarios e intérpretes de lo que pasa en el mundo.

Lo han perdido absolutamente desde que el blog se convirtió en un género periodístico de por sí. Pero no solo los periodistas perdieron el monopolio, también los artistas. Antes, para ser fotógrafo había que exponer, publicar en revistas, hoy en día en cambio todos somos fotógrafos. La democratización real de las artes y las letras ha hecho que hoy, realmente, para llegar ser relevante en tu profesión tengas que ser muy bueno en lo que haces.

¿De qué modo crees que las redes sociales han transformado la sociedad y las relaciones?

Ahora estamos menos solos, enseguida podemos encontrar gente con nuestras mismas inquietudes. Gracias a las redes sociales también podemos movilizarnos a gran escala. Sin ellas no podría haberse dado el 15M, ni Podemos. La gente tímida e inadaptada, además, gracias a las RRSS puede crearse un personaje virtual con el que ser muy sociable, ingenioso y divertido.

Las relaciones han cambiado en cuanto a que por primera vez en la historia de la humanidad tenemos relaciones de amistad y cercanía profunda con gente que no conocemos en el plano físico. Que hayamos logrado trascender la fisicidad es uno de los grandes logros de nuestro tiempo, sin duda.

¿No crees que hablamos mucho de política, de luchar, de manifestarnos, y poco de las cosas que nos pasan?

Pienso que hablar de política es hablar de las cosas que nos pasan y viceversa. En realidad todo es política. Si compras calzoncillos en la mercería de la esquina en lugar de comprar cinco pares en Primark, estás haciendo política. También: Esta entrevista es política.

¿Qué piensas de la política en España? Tanto de los políticos, como la gente que les vota y los que la analizan día a día, sea profesionalmente o por Facebook.

Creo que estamos viviendo el mejor momento político de España en toda la historia de nuestra democracia. El más emocionante. Yo soy de izquierdas, pero nunca me había interesado la política y ahora me interesa. No solo iré a votar, sino que me haré un selfie con la papeleta. Están ocurriendo cosas verdaderamente increíbles e impensables. Tenemos los peores políticos de occidente y también tenemos a los mejores. En los analistas percibo miedo, miedo al cambio, pero al cambio nunca hay que tenerle miedo, a lo que hay que tenerle pavor es que sigan ahí los que están, recibiendo mariscadas en helicóptero y pagando con tarjetas de Bankia. Se ha hecho evidente que España necesita un reset.

¿No crees que dedicamos mucho tiempo a quejarnos de los políticos?

Si, demasiado. Habría que quejarse menos y actuar más, pero quejarse también es necesario. La queja puede ser el principio de la acción. Yo, desde luego, antes que quejarme preferiría poder votar todos los años, o cada dos. De todos modos creo que la gente joven ya es menos de quejarse y más de emprender. Las universidades han pasado de ser lugares en los que se aprendía a ser lugares donde la gente entra en contacto para montar empresas.

Parece que vivimos en un tiempo donde es complicado no parecer rancio o reaccionario cuando uno no se une a la enorme celebración de la cultura en la que parece estar todo el mundo. Es como si importaran más las convicciones que los hechos.

Yo creo que hay que disfrutar de la cultura que nos ha tocado vivir porque no conoceremos otra. Hemos nacido en una época determinada y debemos ser partícipes de ella, ser representantes de nuestro tiempo. En parte es inevitable serlo, pero yo abogo por disfrutarlo y exprimirlo. También por analizarlo y ponerlo en duda, claro. El ser humano nunca ha vivido una época mejor que esta. Vendrán otras mucho mejores, pero esas, lamentablemente, no las conoceremos.

¿Cómo es que somos una generación tan nostálgica sin haber llegado ni siquiera a los cuarenta años?

Yo diría que soy muy de celebrar el día a día, de estrujar el presente, la televisión que hay ahora, las estrellas del pop que aparecen en nuestros días. Me gusta vivir el presente y celebrarlo, me gusta reivindicar, como te decía antes, la cultura en el mismo momento en el que surge, no esperar 15 años a que se haga de culto. Pero también soy muy de reivindicar el pasado, los iconos de mi infancia y de mi adolescencia porque ellos me definen también cómo soy. Yo soy todo eso, mi presente y mi pasado, pero sin nostalgia, todo en un mismo plano y a la vez.

¿Se ha convertido el indie en el gran negocio turístico?

Turístico no, pues el indie no es un lugar… En lo que se ha convertido el indie es un género en sí, con sus propios códigos y clichés que lo alejan cada vez más de la autenticidad que pretende comunicar.

¿Crees, como afirma Víctor Lenore en Indies, hipsters y gafapastas que hay que “dejar de pensar en productos y empezar a analizar las relaciones sociales que generan”?

Bueno, yo diría más bien que lo segundo debe llevar a lo primero. Uno debe observar cómo nos relacionamos y a partir de ahí generar productos que necesitemos. Justo al revés, vaya.

Al vivir en una era tan narcisista, cualquier clase de compromiso que nos saque fuera se está volviendo en una amenaza. Por ejemplo: sexo, pero sin amor (porque el amor duele, claro). Hay una obsesión por la seguridad total, pero al mismo tiempo hay, dentro de nuestra sociedad, más y más violencia en todas sus formas.

No estoy de acuerdo del todo. Es cierto que vivimos una era muy narcisista, pero en absoluto individualista. Nos miramos una y otra vez en el espejo de nuestro mosaico de Instagram, nuestro egobúnker, porque nos da seguridad. Podemos perderlo todo, la casa, el trabajo, pero nadie nos quitará nuestro perfil. Podemos ser narcisos en ese sentido, pero ahora nos apoyamos en el colectivo más que nunca y nos preocupamos por los demás narcisos más que nunca.

El tema del compromiso en la pareja es bien distinto y no se debe a que seamos narcisistas ni a que no queramos sufrir; se debe simple y llanamente a que uno sabe que gracias al Tinder siempre hay alguien más con quien poder follar. Antes, cuando vivíamos en tribus, uno tenía que conformarse con la vecina de la cueva de al lado, pero ahora las apps de flirteo hacen que cada vez se siente la cabeza más tarde. En el fondo creo que es un plan secreto de la naturaleza para que cada vez nazca menos gente que genere basuras…

Y en cuanto a que cada vez hay más violencia, tampoco estoy de acuerdo. La sociedad nunca ha sido menos violenta que ahora. Mucho más violenta era la Edad Media…

Dentro de términos como “creativo”, “innovador”, “consumo consciente” o “emprendedor”, ¿no se esconde una postura bastante reaccionaria?

Posiblemente sí, pues esos términos te dicen que si estás fuera de ellos vales menos que los que sí. En ese sentido sí pueden ser vistos como excluyentes y reaccionarios, pero creo que no hay que verlos bajo esa perspectiva. Uno no debe tener la obligación de ser creativo, ni innovador, ni emprendedor. Uno no debe estar obligado a ser nada. Quizá el consumo consciente sea otro tema, pues ya no se trata únicamente de uno mismo, sino de su relación con el entorno. Yo mismo me considero bastante reaccionario ante el medioambiente, sin ir más lejos, pues creo que ya no se trata solo de reciclar y de consumir de manera responsable, sino de dejar de traer hijos al mundo… Por el bien del planeta, pero sobre todo por el bien del ser humano en el futuro. Cada pareja debería tener un máximo de dos hijos. Jonathan Franzen, en Libertad, decía que un tercer hijo debería ser motivo de vergüenza, más que fumar o que estar gordo. Para una pareja un hijo es una bendición, pero para el planeta Tierra es todo lo contrario; otro generador de residuos.

Háblanos de la gente de Madrid. ¿Crees que lo importante en Madrid es lo que se pueda meter por la boca durante el día o por la nariz durante la noche? ¿Es mejor representar una ciudad por lo que se come que por sus comensales?

Bueno, yo nunca me he metido nada por la nariz, aunque si que me he metido bastante por la boca… En Madrid se come de todo; Big Macs y callos a la madrileña. Así es Madrid y así somos los madrileños. Pero ya no es lo que comas, sino con qué talante lo hagas y el talante castizo es famoso en el mundo entero. De Madrid al cielo y un agujerito para verlo.

¿Hay terraceo? ¿Se baila mucho?

A la terraza salen los que fuman, a hacer smirting, que es esto de ligar mientras fumas fuera de los garitos.

Bailar se baila mucho, claro. Bailar es liberador. Salir a bailar en plan Flashdance. Y lo mejor de Madrid es que en la misma pista de baile en la que bailas hay aristócratas, yonkis y yonkis aristócratas, cosa que no ocurre en otro lugares.

¿Qué locales frecuentas? ¿Qué te atrae de cada uno?

Soy más de tramar en privado, pero a veces salgo a hacer tertulia y a tomar un zumo de tomate preparado a Corazón, en Valverde, donde se mezclan pijos con raperos (decir que el rapero es el nuevo gentleman castizo), al Harvey’s, tan rockabilly, como si fuese un bar de Twin Peaks… También vamos al Kona-Lei, que es el bar tiki que antes era el mítico bar Hernán Cortés, al Richelieu, como para resolver misterios… Lo más divertido de Madrid son los afters, pero yo llevo ya una vida muy casera…

¿Algo que te haya llamado la atención últimamente en la calle o en algún club?

Por la calle lo que más me llama la atención son las caras de la gente. Monstruos maravillosos y gente guapísima. Y en la noche gente increíble, los nuevos club-kids, a la altura de los del Nueva York de los 90. En Madrid puedes encontrarte con Sansano, que es como una especie de Leigh Bowery español, una obra de arte andante, Sor Yasmin Txilati, que es la nueva musa, o Alex de la Croix, que es como brujo que podría ser portada del Vogue Italia…

¿Cómo te imaginas la escena de clubs valenciana?

Me encanta que me preguntes por Valencia… Creo que es una hermana pequeña y loca de Madrid. Adoro Valencia, la ruta del bakalao, las Fallas, Rita Barberá yendo a bares de bolleras, los ritos satánicos de Valencia, entre calor y naranjas. David Lynch debería vivir en Valencia.

¿Qué te gustaría cambiar de la escena musical actual?

Me gustaría que hubiese muchos más conciertos. Clubs con música en directo. Y hecho en falta grupos españoles con buenas letras con descarga emocional que hablen de nosotros, como en su día Astrud o Los Planetas. Ahora están Los Punsetes, que más o menos pero hacen falta muchos más grupos de ese corte.

¿Para ti qué es “pegarse la fiesta”?

Una horterada tremenda. Uno siempre se pega la fiesta para evadirse de algo, lo cual es estupendo; evadirse del trabajo, de tu realidad, de la falta de amor… Yo, afortunadamente, no siento la necesidad de evadirme de nada. Pero muy a favor de pegarse la fiesta.

Si pudieras montar un buen pitote, ¿cómo sería? ¿Qué gente iría? ¿Qué se bebería? ¿Qué música sonaría?

Yo montaría un buen pitote con música de ayer, de hoy y de siempre, con reggaetón, al que acudiría lo más granado, la creme de la creme, vaya, lo que se suele conocer como la flor y nata, la jet set mezclada con gente impresentable que al final, siempre son más jet que la jet. Se bebería lo que se bebe ahora: cerveza artesanal, chupitos de Fireball y los gintonics del Pequeño Nicolás.

¿Qué autores reivindicas y por qué? (no importa disciplina)

Reivindico a Thomas Mann, a Jean Rhys, a John Cheever, Tony Kushner, Jane Bowles, Tennessee Williams, BalzacCuriosamente solo me apetece leer a mujeres locas o a maricas reprimidos. Reivindico a Susan Sontag, a Michael Cunningham, a Jeffrey Eugenides… La novela introspectiva, el ensayo lúcido y desprejuiciado. En cine reviso una y otra vez a Agnes Varda, Fassbinder, Jonathan Glazer, Miyazaki, Gondry, Korine, Cronenberg, Lynch… Artistas que ven la realidad a través de un prisma único.

Encontrar a alguien capaz de ver más allá de lo que se ve a primera vista es encontrar un tesoro.

¿Qué personaje cinematográfico te gustaría ser? ¿Y qué película escribir/dirigir?

Me encantaría ser el protagonista de Terciopelo Azul, uno de Los Goonies, un nuevo miembro de la pandilla de Scooby Doo, enfrentarme a un misterio muy peligroso, pero estando a salvo al mismo tiempo, que debe ser como asomarse a un precipicio sujeto a una barandilla…

Y me hubiese encantado escribir y dirigir Lunas de Hiel o Elígeme, Piel de asno, Cléo de 5 a 7… O Corazonada!

¿Tienes algún sueño recurrente?

No, recurrente no. Sueño cosas muy absurdas, mezclando espacios que conozco con otros que no, gente de la realidad y de la ficción, todo en un tono de comedia de terror, muy agradable.

¿Alguna idea grande que te gustaría llevar a cabo?

Me encantaría ser mecenas. El Peggy Guggenheim español, financiando a cineastas como Carlos Vermut, a artistas como Bubi Canal, David Méndez Alonso o Sor Yasmín, a escritores, compañías teatrales… Sería genial montar una productora de televisión que acercase nuestra ficción a la de Showtime, HBO, etc…

¿A dónde te gustaría viajar y por qué?

Tengo muchas ganas de ir a Disneyworld, el de Orlando, en Florida. De pequeño siempre les pedía a mis padres que me llevasen, pero no les dio tiempo a hacerlo. No me importaría vivir en Nueva York, en Amsterdam o en Londres, pero sin lugar a dudas la ciudad en la que más me apetece vivir es en Disneyworld.

¿Qué te ha dado la experiencia de los años?

La experiencia ha hecho que trivialice las cosas y que uno vea venir ciertas cosas de lejos. Creo que la experiencia es valiosa, respeto a la gente que tiene mucha experiencia, pero también he decir que es el primer arma que los mediocres arrojan con el talento salvaje. Creo que la inocencia es mucho más poderosa que la experiencia.

Para concluir, ¿Podrías contarnos algo de tus futuros proyectos? ¿Hacia dónde se dirige Popy Blasco?

Estoy terminando de escribir el guión de mi segundo cortometraje, Ouija Love, y con un par de ideas para otro libro… ya se verá. Como siempre, lanzando mensajes en una botella…

 

Popy Blasco

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