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María Sánchez

“Más que al poeta espero al poema”

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María Sánchez vive entre el campo y la literatura. La poesía y la veterinaria son sus dos ejes vitales, aquello que le lleva a estar siempre trabajando y tramando. Sus poemas forman parte de antologías como Apuestas, nueve nuevos poetas de La Bella Varsovia, Réquiem por Lolita, o la versión digital de Tenían veinte años y estaban locos, además de haber ganado diversos premios, como el I Certamen de poesía de la Casa de la Juventud de Córdoba, con Wifi tear us apart again. Pero es que para María, ciencia y poesía se funden hasta confundirse, de ahí que sus poemas no sólo sean una celebración de la literatura, sino un sí absoluto a la vida.

¿Qué te llevó a la literatura? ¿Quién te descubrió los libros y la lectura?

Siempre me he dicho a mí misma (y me he convencido) que fue mi padre quien me empujó a leer libros. Pero pasan los años y te miras (y sobretodo, te conoces) a ti misma, y te das cuenta que llegaste a los libros como una forma de no estar sola. Reconozco que he sido, desde pequeña un poco particular. Me cuesta mucho hacer amigos, entablar una amistad de verdad. De hecho, no tengo amigos de la infancia. De esos días recuerdo devorar libros uno detrás de otro. A mi padre escondiéndome Yerma porque decía que era demasiado pequeña para leer. Los días en el campo con mi abuelo. Me encantaba hacer las tareas. Me gustaría poder decirte que me acuerdo de momentos entrañables con los niños de mi clase, pero no es así. A los quince, tuve la suerte de tener dos profesores de literatura magníficos que me recomendaban lecturas y que me dejaban libros. Siempre me animaron a escribir. En parte, ellos son los primeros culpables.

¿Y a escribir?

Como te he contado antes, mis profesores de literatura. Entablé con ellos una relación muy bonita de intercambio de lecturas, libros y pequeños textos/poemas que iba escribiendo por cualquier lado. Nunca imaginé compartirlas. Ellos, junto a una amiga mía me empujaron a abrir un blog y a compartir lo que escribía en internet.

¿Te has llegado a plantear dejar de escribir?

No. Me es imposible dejar de escribir. Hace poco lo contaba en Facebook. Tengo un trabajo muy bonito, pero muy muy muy duro. Hay días que me levanto a las cuatro y media de la mañana. Días que puedo hacer muchísimos kilómetros sin parar. Días que llego a casa y me voy directa a la cama porque en menos de siete horas tengo que volver a levantarme. Eso implica mucho cansancio. Es verdad que escribo menos, pero aunque no esté sentada frente al ordenador, el impulso, el golpe, las ganas o como quieras llamarlo, sigue ahí. Puedo estar en el campo o conduciendo, o incluso cocinando que me asalta una imagen que necesita ser contada. Sí hay algo que me he encontrado últimamente y que me da bastante rabia. Gente que me dice cuando voy a dejar una cosa para dedicarme a la otra (se refieren a dejar la veterinaria). Creo que entonces sí que dejaría de escribir, no podría. No sería yo.

¿Por qué poesía?

Uno de mis poetas favoritos, el portugués Al Berto escribió en uno de sus diarios:


escribir, (ese simulacro del Infierno

al que le doy tanta importancia, precisa-

mente porque no tiene importancia

ninguna).

tenía que escoger una forma de

arder. Elijo esta.

¿Qué se espera de un poeta?

Yo espero más que al poeta a su poema. Que me haga doblar la página, que encuentre verdad: esas entrañas que nada tienen que ver con sangre y vísceras. Que me traspase.

¿Cómo encaras tu escritura, qué estás transmitiendo?

Como una manera de alumbrar lo que me pasa. Mis días, mis lecturas, mis viajes… Mi trabajo de campo, los animales… Me gusta mezclar cosas que me han pasado de verdad con las que no. Mezclar textos científicos y deshacerlos, reescribirlos, contar la luz.

¿Crees que hay una barrera entre la poesía y el gran público?

Creo que sí. Aunque “estoy rodeada” en el mundo virtual por así decirlo de gente que no para de leer poesía, en mi día a día me encuentro con otro segmento de personas que no leen nada de poesía. La mayoría, porque no la conoce y simplemente la reduce a poemas que riman. No sé qué dan los niños ahora en el colegio, pero podrían incluirse más lecturas acertadas y diferentes de poesía.

¿Tuviste dificultades a la hora de compartir tus intereses literarios con tus compañeros de la universidad?

Directamente ni las compartía. Muchos de mis compañeros de la carrera cuando me veían con un libro que no tuviera nada que ver con alguna asignatura de la carrera se echaban las manos a la cabeza. “¿Cómo es que tienes tiempo para leer?”. Aquí otra manía que me da rabia: la de separar las letras de las ciencias, la convicción de dedicarse por completo a una o a otra sin mezclarlas.

¿Hasta qué punto poesía y veterinaria se retroalimentan? ¿Cómo haces de un trabajo práctico en el campo un planteamiento poético?

Pues imagino que, como cualquier persona que escribe. Aquí, la excepción, es que yo trabajo en algo totalmente diferente a la “literatura”: no soy periodista, no he estudiado ninguna carrera de letras, no trabajo en el mundo del libro… ¿Por qué no voy a poder convertir algo de mi día a día en literatura?

Da la impresión que la comida se ha convertido en los últimos años por un lado, en un hecho cultural para el que se necesita un saber específico, pero por otro también en una amenaza para la que se necesita, así mismo, un saber específico. ¿Cómo lo valoras?

Para mí la comida es un aspecto fundamental de mi vida. Creo que la mayoría de los consumidores no sabe ni se preocupa de dónde viene lo que acaba de comprar. Vivimos en una sociedad que en lo primero que ahorra es en el carrito de la compra. También es verdad que no todo el mundo puede permitirse consumir de forma saludable. Yo misma. Prefiero gastarme un euro en un litro de leche sabiendo que es un producto sostenible y que le están pagando lo que le corresponde y es justo al ganadero, que pagar 40 céntimos y comprar un litro de leche que viene de Alemania o Francia porque no lo han podido vender allí. También como menos carne, porque la que como, me preocupo en saber de dónde viene, y que al menos, es de sistemas extensivos. Pero con las verduras pasa lo mismo. Intento consumir productos de cercanía y de mi tierra. Respeto a la gente vegetariana y vegana, pero muchos de ellos ni se paran a mirar de donde viene la soja, o de qué forma se ha producido. Y eso, para mí, es terrible. Como dice Safran Foer, los consumidores somos granjeros con poderes.

¿Crees que vivimos en un mundo donde no faltan razones para el pesimismo o al contrario?

Sí. Ahí entra la forma de ser y de encararse con el mundo cada día. Quizás, escribir es también una manera de encontrar el equilibro entre ambos extremos.

Actualmente, la mayoría hemos sido víctimas de la distancia entre seres queridos. Aquí llegan las nuevas tecnologías al rescate y por lo tanto, se cuelan en la obra literaria de más de uno. ¿Crees que su aparición significa más que el mero hecho de ser parte de nuestra vida como extranjeros?

Sí. Las redes tienen su lado bueno y su lado malo, como todo. Aquí también entra cada uno. Puede que para ti o para mí, pasar horas y horas delante de la pantalla suponga una pérdida de tiempo, pero también que para otro, signifique sentirse menos solo. Y eso, creo que es maravilloso.

¿Qué opinas de esta exposición-aprobación que algunos buscan y algunos consiguen a través de esta red social?

Que es algo transitorio, una especie de rabieta que se pasa. Cuando te gusta lo que hace alguien, como escribe, por ejemplo, no te quedas sólo con su Facebook. Y si realmente quieres escribir, llega un momento que te da igual aparecer en ciertos grupos o estados. A veces confundimos un poco los límites, pero también creo que es genial que cualquier persona pueda compartir lo que escribe (y hermanarse) con cualquiera a cualquier hora desde cualquier parte del mundo.

¿Ha nacido con Internet un tipo de fama que antes no se daba?

No creo, bueno, yo no le doy importancia. Hay tuits, estados de Facebook, cuentas de ig… y somos también nosotros lo que decidimos lo que leemos y qué queremos leer. Yo necesito más.

¿Crees que en Internet somos a veces nuestros propios enemigos?

Sí. Muchas veces escribimos por inercia, por la “necesidad” de contar algo, inconscientemente, creo, que muchas veces lo hacemos para que nos tengan en cuenta. Y eso me da un poco de pena. Pero también creo que esto es una etapa, como cuando escribes en una libreta y tachas, o arrancas la hoja, vuelves a empezar… sólo que aquí no hay espectador posible excepto el que escribe.

¿Confías en vincular redes sociales y proceso creativo? ¿Poesía como esfuerzo vs poesía como inmediatez?

No mucho, aunque a veces la poesía también es esfuerzo e inmediatez. El poema, la raíz, por así decirlo, puede ser inmediata, pero para que suceda el poema, creo que debe reposar, rehacerlo, corregirlo. Sí que me gusta mucho Twitter como laboratorio, cuelgo muchas veces imágenes, fragmentos, ideas que sí han terminado con el paso del tiempo siendo un poema.

¿Qué relación mantienes con tus contemporáneos? ¿Cómo crees que han influido en tu obra o en tus ambiciones?

Buena. Muchos me animan a que escriba, comparten cosas que saben que me van a gustar, me recomiendan lecturas y autores, me aconsejan… Creo que como cualquier otra relación, influye tanto en tu día a día como en lo que escribes.

¿Cómo ves el panorama actual? ¿Qué esperas de los poetas de tu tiempo?

Pues lo veo lleno de nombres que desprenden luz. El último libro que he leído de poesía, Raíces Aéreas, de Patricia Gonzalo de Jesús, me ha dejado sin palabras. Es un poemario extraño, por así decirlo, por tener una voz totalmente diferente y propia. Últimamente, sobretodo en redes, leo muchos poemas que me recuerdan a otros poemas de otros poetas, y llega un momento que aburre. De los poetas de mi tiempo, espero lo mismo que he contado antes: más que al poeta espero al poema.

¿En qué proyecto estás trabajando ahora?

Estoy inmersa en un poemario, Cuaderno de campo. Aun me da un poco de miedo llamarlo libro, mi libro, pero ya lo siento así. Creo que necesitaba que me llamara, por así decirlo, y sentir esa necesidad constante que te asalta a todas horas de decirte, “venga, María, ponte con él”. Si te digo la verdad, ha sido más el libro el que ha decidido que se escriba que yo misma. Es una sensación extraña, la verdad. Llevo más de un año con ese golpe día a día. También, muy poquito a poco, estoy haciendo una especie de cuento ilustrado para niños con los dibujos de Silvia Noire.

María Sánchez

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