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Iñaki Domínguez

“El moderneo, en todas sus vertientes, representa una enconada lucha contra la desintegración del yo”

Para el filósofo y antropólogo cultural Iñaki Domínguez, en su Sociología del Moderneo (Melusina), lo importante es cuestionar los problemas sociales más que los meramente culturales. De ahí que su libro sea un vehículo para radiografiar y desmitificar un segmento social cool que finge ser algo que en realidad no es, que oculta una precarización bajo una apariencia de libertad, incitando con ello a repensar esta maquinaria de la ansiedad, la autoexplotación y la desilusión permanente.

Leyendo el libro uno tiene la sensación de que fuiste un moderno. ¿Acaso el libro no es un intento de escapar de esta secta? O del partido… ¿Se explicaría así parte de la crítica al moderneo?

A pesar de que yo he tenido relación con el moderneo a lo largo de casi toda mi vida, nunca me he considerado plenamente integrado en su mundo. O, por lo menos, nunca me he esforzado conscientemente (que yo sepa) en ser considerado moderno por los demás; algo que, por otra parte, no me molestaría en absoluto. Además, no considero que el moderneo sea una secta, sino más bien una manifestación cultural digna de estudio, cuyas fronteras son difusas. Mi crítica del moderneo es más un análisis, en parte satírico, que una crítica en el sentido de reprobar a otros.

¿Qué te llevó a embarcarte en este proyecto?

El término de mi tesis doctoral en antropología cultural. Una vez completado el tedioso trabajo académico quise escribir sobre algo que conociese bien y redactar un ensayo ameno y accesible para el gran público. Tras veinte años de juergas entre modernos, podía dar cuerpo a esa amalgama de experiencias dotándolas de un sentido sociológico.

¿Sigues frecuentando algunos de los lugares modernos que citas en el libro? Y si es así, ¿bajo qué prisma los experimentas?

Sin duda. De hecho estoy descubriendo nuevos lugares vinculados al moderneo. Mi experiencia es positiva. Disfruto como cualquiera de los presentes en dichos conciertos, restaurantes o festividades, solo que analizo en todo momento la realidad que me rodea. Se trata, en parte, de un trabajo de investigación, ya que deseo seguir escribiendo sobre moderneo en el futuro. Es un fenómeno siempre cambiante que me fascina; una temática con un potencial casi ilimitado.

Te robo una de las preguntas latentes del libro y te la lanzo: ¿Por qué tenemos la necesidad de ser unos modernos?

Es un producto de la vida masificada y de la sociedad de consumo. El individuo en nuestras complejas sociedades, que vive entre océanos de personas, siente una insoportable levedad de su ser contra la que reacciona adoptando estéticas, constelaciones y códigos para lograr la distinción. El moderneo, en todas sus vertientes, representa una enconada lucha contra la desintegración del yo.

¿Qué esconde en el fondo esta palabra?

Esa lucha recién comentada por reafirmar el yo. Una lucha promovida a su vez desde el capitalismo que ofrece en el consumo el instrumento para dicha reafirmación. O al menos eso pretende.

Muchos de los empleos modernos, que aglutinan becarios, autónomos, freelancer y un largo etcétera de la cultura en los tiempos de internet, si algo tienen en común, es la desilusión que acaban generando a largo plazo en cada uno de los individuos. ¿Crees que este problema es debido a la dificultad a la hora de desconectar de esta maquinaria hiperproductiva? Y si es así, ¿cómo hacerlo cuando la economía aprieta? ¿Acaso el moderneo no es una forma de camuflar la precarización en la que viven muchos jóvenes -y no tan jóvenes-? A veces da la sensación de que el moderneo no es otra cosa que la enésima apariencia de libertad en la que viven millares de jóvenes -y no tan jóvenes- que participan, directa o indirectamente, del mercado cultural, en este mundo neoliberal y digital de nuestros días.

Coincido contigo en entender el moderneo como un modo de camuflar la precarización en la que viven muchos jóvenes. Muchos de los trabajos en los que apenas existe estabilidad y retribución económica son pagados más en términos simbólicos y de estatus que por medio de dinero. Este mundo neoliberal del que hablas ha entendido la importancia de la identidad y compensa a sus subordinados en muchos casos con capital simbólico (prestigio) más que con dinero contante y sonante. Se da una mercantilización del prestigio que sirve para compensar la precaria retribución económica. Muchas personas vinculadas al moderneo que he conocido en los últimos meses cuentan con prestigio, pero me confiesan que a nivel monetario ganan poco. Personas con el mismo estatus en los años ochenta vivirían en condiciones mucho más favorables.

¿Cómo valoras las dinámicas de las redes sociales? ¿Acaso no implican casi siempre experiencias de consumo? Vas a un festival de música y subes una foto, viajas y subes una foto, sales a comer y subes una foto…

La vida social actual gira en torno al consumo. Cuando quedas con tus amigos te vas de cañas, al cine o a un restaurante. De hecho estas formas de consumo compulsivas las tenemos perfectamente integradas en nuestras vidas desde muy jóvenes. Piensa en esos estudiantes de secundaria que se enfadan o angustian cuando no logran fumarse un porro. Da la impresión que cuando no consumimos no hacemos nada. La falta de consumo representa para todos nosotros un intolerable vacío del que emana el pánico y la angustia. Ni siquiera hippies o antisistemas escapan a este terror. El uso compulsivo de redes sociales representa una escapatoria de ese temido vacío. Es una narcotización de los sentidos y una forma de consumo siempre presente. Se está convirtiendo en un consumo equivalente a la respiración: prescindir de él representa algo parecido a la aniquilación.

¿Por qué es tan condenable el consumismo moderno frente a otras formas de consumismo?

No es necesariamente condenable. Lo que parece despertar la animadversión de muchos es el hecho de que es quizás un paso más en este terreno. El moderneo es una forma de consumir identidad. Algunos consideran que es éste un artificio intolerable. Una cosa es comprar bienes materiales y otra comprarse una identidad que nos represente de acuerdo con nuestras necesidades.

Tu defensa a las relaciones personales sólidas, la intimidad sexual, la lectura, el desarrollo de una conciencia crítica… ¿Tan incompatibles son con el moderneo?

Así lo creo. El moderneo se construye y articula en torno a dogmas y códigos que han de ser empleados a la hora de relacionarse, lo que interfiere con el pensamiento crítico. Por otra parte, suele existir una distancia entre la identidad consumida y la identidad subjetiva (real) del individuo moderno, algo que dificulta la consecución de la verdadera intimidad. Sin embargo, como sociólogo no hablo en términos absolutos, sino solo de tendencias generales.

¿Cuáles han sido algunas de las preguntas e inquietudes con las que has intentado lidiar a lo largo de este ensayo y que te gustaría compartir?

He dividido el libro en distintos apartados. En uno defino el objeto de estudio, en otros analizo a los modernos de provincias, el pensamiento dogmático, los modernos y sus técnicas de seducción, la necesidad de filtros mediáticos, etc. Cada uno de estos capítulos responde a una pregunta concreta que yo me hacía en su momento. Un cuestionamiento que ha sido muy positivo. Gracias a mi análisis soy mucho más comprensivo y menos crítico con este fenómeno.

Desde que empezaste a escribir el libro hasta ahora, ¿han variado algunas de tus premisas?

Por supuesto, aunque sobre todo el libro ha consistido en una profundización en dichas premisas. Éstas no eran prejuicios, sino más bien el resultado de un trabajo de campo de más de veinte años.

¿Qué productos modernos te siguen petando la cabeza? ¿Y qué otros no, que recomendarías encarecidamente?

La verdad es que lo que más rechazo me causa del moderneo es el típico petardeo de la bloguera pija de turno: que si batidos detox, superalimentos, sombreritos folkie, ukeleles, etc. No soporto el moderneo cursi. ¿Productos que recomendaría? Libros de editoriales independientes como la que me ha publicado a mi… jajaja. No, en serio, creo que las traducciones de libros de cultura pop americana que están saliendo (que no es el caso de mi libro) merecen mucho la pena. ¿Qué le voy a hacer? Llamadme cultureta.

Para terminar, ¿cuáles son los proyectos presentes y futuros de Iñaki Domínguez?

Ahora mismo estoy completando otro ensayo para la editorial Melusina sobre otra desviados sociales. En este caso, también trato de sintetizar cultura pop con filosofía, sociología y antropología. La verdad es que creo que este segundo libro va a ser más difícil y trabajoso, pero voy avanzado y cuento con tiempo de sobra para pasarme los siguientes meses haciendo revisiones y más revisiones. Empleando la terminología del Señor Miyagi, para mí escribir consiste en dar cera, pulir.

Iñaki Domínguez

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